¿Se puede emprender desde Andorra?
En 2022, Andorra Investigación e Innovación impulsó una iniciativa en el marco de la Estrategia Nacional de Innovación y Emprendimiento del Principado de Andorra. Aquel proceso reunió a diversos actores del país con interés en el emprendimiento y a representantes de la cuádruple hélice: Gobierno, sociedad, investigación académica y empresa. Desde Creand participamos con mucho gusto en una serie de talleres cuyo objetivo era identificar qué aspectos debían mejorarse para que Andorra se convirtiera en un país innovador y facilitador del emprendimiento.
Las conclusiones fueron bastante claras. Por un lado, una escasez de talento “en casa”, consecuencia de que muchos jóvenes se marchan a estudiar al extranjero… y, a menudo, se quedan. Por otro, la dificultad para financiar proyectos innovadores en fases iniciales, debido a la falta de subvenciones públicas y europeas. Y, por último, el reto de internacionalizar empresas emergentes sin perder el arraigo en el país.
En aquel momento, el ecosistema emprendedor apenas empezaba a tomar forma. Emprender desde Andorra no tenía, objetivamente, ningún beneficio a corto plazo. Más allá de la voluntad compartida de muchos actores que, con los recursos disponibles —muchas ganas, mucha implicación y la experiencia de cada uno—, intentábamos apoyar a los proyectos que iban naciendo.
Estamos en 2026. Cuatro años después de aquella iniciativa de ARI, tras haber participado activamente en la construcción del ecosistema emprendedor del país y haber acompañado a múltiples proyectos, me siento con criterio suficiente para responder a una pregunta que aparece con frecuencia: ¿se puede emprender desde Andorra?
Respuesta corta: Sí, se puede.
Respuesta larga: Depende de en qué quieras emprender.
En mi experiencia, un proyecto con probabilidades de éxito necesita cuatro elementos: fuentes de financiación, habilidades de gestión empresarial, habilidades específicas del proyecto y una ventaja injusta.
En el ámbito de la gestión empresarial, hoy Andorra ofrece un soporte notable. No contamos con una business school propiamente dicha, pero sí con una oferta creciente de programas de formación, acompañamiento a emprendedores, aceleración de startups y mentorías. Aquí es justo reconocer el trabajo de entidades como Andorra Business, que llevan años impulsando iniciativas con un impacto real y contrastado.
En cuanto a las habilidades específicas —directamente relacionadas con el reto del talento identificado en 2022—, la situación está evolucionando de forma positiva. Es cierto que no disponemos de universidades especializadas en ingenierías ni de grandes departamentos de investigación, pero en los últimos años han llegado al país perfiles altamente especializados en disciplinas técnicas muy diversas. Profesionales que han vendido sus empresas, que buscan nuevos retos y que tienen ganas de volver a empezar. No es el relato idealizado del estudiante de business school que conoce a un ingeniero en una cafetería, pero cada vez es más habitual encontrar talento excepcional con ganas de emprender desde Andorra.
En materia de financiación todavía hay deberes por hacer. Seguimos sin contar con mecanismos sólidos de financiación para proyectos en etapas iniciales. Es cierto que cada vez hay más inversores privados con perfil de business angel, pero esto condiciona el tipo de proyectos viables: los negocios digitales, poco intensivos en capital y capaces de validar rápidamente su propuesta de valor, tienen más probabilidades de materializarse. Difícilmente veremos nacer en Andorra el próximo ordenador cuántico, a menos que el emprendedor pueda financiarlo con recursos propios.
Y esto nos lleva a la cuarta pata: la ventaja injusta. Ese elemento que otorga a un proyecto una posición tan favorable que casi parece hacer trampa. Acceso a canales de distribución, activos clave, entornos privilegiados. En este sentido, como país, Andorra cuenta con atributos interesantes: nueve millones de turistas al año, un entorno de montaña y nieve, un sandbox y living lab nacional, y un ecosistema emprendedor pequeño, pero cohesionado y muy accesible.
En 2025, junto con Andorra Business, lanzamos Enlaira, el primer programa de aceleración nacional para empresas emergentes andorranas. Lo hicimos con cierta incertidumbre: no sabíamos si habría suficientes proyectos dispuestos a presentarse. Se presentaron quince. Aceleramos tres, con resultados muy positivos.
Este año lanzamos la segunda edición de Enlaira, con el objetivo de acelerar cinco startups más. Confiamos en que nuestra dedicación y el esfuerzo de los equipos den frutos. Y quién sabe si, antes de lo que pensamos, podremos hablar del primer unicornio andorrano.